Cuando la promesa de que viviremos felices para siempre parece esfumarse, y más bien viven infelices todos los días. En ocasiones las parejas entran en una insatisfacción matrimonial, esto ocurre generalmente cuando se intercambian escasas conductas agradables entre los esposos, cuando las interacciones placenteras están limitadas a una sola área (por ejemplo: la economía), o cuando uno de los miembros de la pareja da muchas más “gratificaciones” de las que recibe. Cuando un miembro de la pareja se siente insatisfecho, recurrirá a las peleas, críticas, amenazas y hasta la violencia, buscando satisfacer su propia necesidad.

En estos casos el objetivo primordial de una terapia está en mejorar la comunicación de la pareja para poder aumentar la satisfacción matrimonial, el terapeuta entrenará destrezas comunicacionales para que aumenten los intercambios de conductas positivas como reforzantes mutuos, mejoren sus habilidades para resolver problemas, y ayuden a la expresión constructiva de sentimientos tanto positivos como negativos.

Durante la terapia la pareja debe ser honesta y hablar sobre posibles relaciones extramatrimoniales que se puedan estar presentando, para invertir un máximo esfuerzo en mejorar la relación y poder obtener un contrato de fidelidad y confianza (los pilares de una relación).

En terapia se ventilarán los problemas y descontentos en la pareja para llegar a un diagnóstico, se trabaja en el presente (el aquí y el ahora) en función de un futuro prometedor y soñado; el pasado se perdona y queda atrás. Se evalúa la clase de pareja según los componentes básicos que se deben cumplir para llevar una vida en pareja plena, estas características son:

– La intimidad: actividades en común que se realizan solo en pareja, cómo gastan el tiempo libre para compartir y divertirse.

– La pasión: esos componentes sensuales, expresiones de afecto y satisfacción sexual.

– El compromiso: metas y proyecto de vida que tiene la pareja en común, como comprar una casa, crianza de los hijos y formar un hogar feliz.

En la terapia nunca se perderá el tiempo, no existe una manera clara de predecir el resultado de una terapia de pareja desde el inicio, el grado de compromiso y voluntad para con la pareja es algo fundamental para el éxito de la terapia. Existen casos que sólo con la mejoría comunicacional, y refuerzo de los aspectos positivos ya genera una gran mejoría.

Sin embargo, no toda pareja en conflicto, aun en terapia, logra alcanzar el estado ideal, y una separación es algo inevitable, es una realidad que debe tomarse en cuenta… y ello no implica que la terapia haya fracasado… más que nunca, la terapia hace un aporte importante.

En estos casos, lo ideal es aprender a comunicarse con ese compañero que ha construido y vivido tantas cosas juntos, más aún cuando hay hijos de por medio, la pareja seguirá unida siempre por esos hijos, y necesitan aprender a dialogar. Si la pareja determina que la solución es el divorcio, se trabaja el proceso de duelo, y la comunicación para poder llegar a acuerdos legales, separación de bienes, y todo ese proceso judicial engorroso que se vive en el asunto de divorcio. Lo mínimo que la pareja se debe es una amistad por los hijos que hay de por medio ya que deben poner normas y límites para seguir una misma línea de autoridad en la crianza, existen acontecimientos importantes, graduaciones, cumpleaños, navidades, y que incomodo es ver a esos padres divorciados que no pueden coexistir en la misma habitación, no se pueden ni ver (algo doloroso para un hijo es la falta de apoyo de ambos padres). La ex-pareja debe entender que a pesar de que una vez se amaron con locura, luego se desvaneció el amor, lo primordial es hacer del divorcio una situación menos dolorosa de lo que ya es, y más sencilla para todos los involucrados.

Lamentablemente en nuestra cultura latina, no muchos aceptan ir a terapia oportunamente, sino como “último recurso”, cuando ya la situación se hace intolerante… cuando en realidad acudir a terapia debe hacerse “más temprano que tarde”.

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